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El dilema: trabajo o seguridad social

Uno de los debates en el tema laboral mas importante, y desafortunadamente ausente en las contiendas electorales de este año, fue el tema del salario mínimo.

Aunque para este último trimestre el DANE no ha expedido ningún estudio sobre el porcentaje de informalidad, las últimas cifras conocidas fueron las de último trimestre de 2008, indicando un 57,7% de informalidad. Por otra parte para Julio de este año se reportó una cifra aterradora: el 12, 6% de la población carece de empleo formal.

La informalidad tiene unas consecuencias realmente graves. Todo el sistema de seguridad social colombiano, que incluye el tema de pensiones por invalidez o vejez, riesgos profesionales y salud, se basa en los aportes que deben hacer aquellas personas que se considera tienen un trabajo “oficial” o formal, respaldado por un contrato de trabajo. La informalidad es aquel modo de empleo que, como no se encuentra dentro del sistema, no aporta a la seguridad social, pero en cambio muchas veces la consume.

La consume porque esos trabajadores que tienen capacidad de generar dinero no ayudan con su plática para el bienestar general, pero en cambio entran como beneficiarios subsidiados, lo cual va en contra de la lógica del sistema, que busca que quien produzca aporte, y quien no se subsidie mientras encuentra empleo (que no se pregunte luego por qué se desangró el sistema).

Una de las causas de esa informalidad seguramente es el salario mínimo. Existen dos extremos: el nuestro, un país en el que más de la mitad de su población es informal y por tanto no tiene seguridad social, pero tiene un salario que parece cumplir con su función de ser un ingreso que garantice la salvaguarda de los derechos de las personas; y por el otro lado, el ejemplo de China, un país en el que el salario mínimo parece inexistente, y en el que las condiciones laborales (horarios, ambiente) son terribles, pero un país en el que sus individuos tienen pensiones y seguros de salud y de riesgos profesionales, además de que casi todas las personas tienen trabajo.

¿Qué preferimos nosotros? Obviamente, un punto medio, pero casi imposible de lograr por la presión tan grande que ejercen las confederaciones de trabajadores y el mismo gobierno a la hora de determinar el salario mínimo.

Sobre el papel de la Fiscalía

Habiendo asistido la semana pasada a diferentes audiencias es interesante comparar observaciones, reflexiones y conclusiones- por preliminares que éstas sean. Tras haber leído varias entradas sobre el tema, quedé intrigada por la posición expuesta en “Entre el Derecho y el Hecho” sobre el papel de la fiscalía.

El autor termina con esta provocadora pregunta:  “‘¿Cuál es entonces el papel de la fiscalía? Monopolizar el resultado de un juicio preferiblemente breve y fácil que se adapte menos a las dinámicas de un juicio justo y más a las dinámicas de un falso positivo”. Si bien es cierto que la pretensión de el autor probablemente nunca fue exponer un patrón universal que halló a partir de las dos audiencias a las que asistió, sí quiero compararlo con la audiencia de imputación de cargos a los mandos medios del  Bloque Norte de las Autodefensas.

A diferencia de lo expuesto por el autor, la fiscal que manejaba el caso lo conocía a la perfección. Dicha audiencia venía desde hacía varias semanas ya que eran más de 3500 los cargos que se estaban imputando.  A pesar de la magnitud numérica de la información manejada, la fiscal procedió a exponer punto por punto los cargos, demostrando así no solo su enorme conocimiento del tema, sino también la dedicación y el tiempo que eso implica. Esto contrasta enormemente con el supuesto objetivo de brevedad que mencionó el autor en su entrada.

Soy conciente que de lo que habla el autor representa un tipo de delito distinto que se relaciona más con “Bagatela” que con crimenes sistemáticos como los perpetrados por los paramilitares. Aún así, quise rescatar a la Fiscalía de las acusaciones de “Derecho hecho y trecho” por algo tan poco diciente o incluyente como lo fue mi buena experiencia con una fiscal en una audiencia. Lo anterior, acepto, no es en lo absoluto una muestra significativa para saltar a adulaciones positivas sobre el compromiso de los fiscales alrededor del país. Para lo que sí es suficiente es para agregarle matices a la visión presentada por el otro blog, para plantear nuevos interrogantes sobre la justicia  y para introducir un ingrediente más en un debate que muy probablemente, no se cerrará pronto.