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Sobre el papel de la Fiscalía

Habiendo asistido la semana pasada a diferentes audiencias es interesante comparar observaciones, reflexiones y conclusiones- por preliminares que éstas sean. Tras haber leído varias entradas sobre el tema, quedé intrigada por la posición expuesta en “Entre el Derecho y el Hecho” sobre el papel de la fiscalía.

El autor termina con esta provocadora pregunta:  “‘¿Cuál es entonces el papel de la fiscalía? Monopolizar el resultado de un juicio preferiblemente breve y fácil que se adapte menos a las dinámicas de un juicio justo y más a las dinámicas de un falso positivo”. Si bien es cierto que la pretensión de el autor probablemente nunca fue exponer un patrón universal que halló a partir de las dos audiencias a las que asistió, sí quiero compararlo con la audiencia de imputación de cargos a los mandos medios del  Bloque Norte de las Autodefensas.

A diferencia de lo expuesto por el autor, la fiscal que manejaba el caso lo conocía a la perfección. Dicha audiencia venía desde hacía varias semanas ya que eran más de 3500 los cargos que se estaban imputando.  A pesar de la magnitud numérica de la información manejada, la fiscal procedió a exponer punto por punto los cargos, demostrando así no solo su enorme conocimiento del tema, sino también la dedicación y el tiempo que eso implica. Esto contrasta enormemente con el supuesto objetivo de brevedad que mencionó el autor en su entrada.

Soy conciente que de lo que habla el autor representa un tipo de delito distinto que se relaciona más con “Bagatela” que con crimenes sistemáticos como los perpetrados por los paramilitares. Aún así, quise rescatar a la Fiscalía de las acusaciones de “Derecho hecho y trecho” por algo tan poco diciente o incluyente como lo fue mi buena experiencia con una fiscal en una audiencia. Lo anterior, acepto, no es en lo absoluto una muestra significativa para saltar a adulaciones positivas sobre el compromiso de los fiscales alrededor del país. Para lo que sí es suficiente es para agregarle matices a la visión presentada por el otro blog, para plantear nuevos interrogantes sobre la justicia  y para introducir un ingrediente más en un debate que muy probablemente, no se cerrará pronto.

 

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¿La Constitución como anti – utopía?

Adentrándome en otros tableros de juego encontré opiniones con las que comparto bastante, y otras con las que no comparto tanto. Fuera de si comparto o no con todos, me sorprendió el enfoque de Camilo Andrés Caicedo quien  en su blog termina por concluir que evaluar la Constitución requiere de replantear las formas cómo la evaluamos.

El  punto de partida de su columna es que la Constitución se redactó en un momento radicalmente distinto al de hoy porque a comienzos de los noventas se vivía “en medio de un ambiente de violencia y terror”.  Si bien es probable que la coyuntura actual sea distinta a la de ese momento, creo que justamente el elemento que él menciona como factor que refleja esas diferencia es uno que no ha cambiado demasiado en estos 19 años. Es difícil llegar a grandes generalizaciones sobre el estado del país viviendo en la capital que ha permanecido ajena a lo que se ha vivido en otras regiones del país.  En realidad, este argumento es lo que detona el punto central de mi crítica y es que lo que veo esbozado ahí es la idea de que la Constitución no pasa la prueba bajo x parámetros y por lo tanto éstos deben ser cambiados.

Quizás íntrinsecamente no tiene nada de malo, pero me recuerda al revuelo que hubo hace un tiempo cuando en discusiones del referendo (tan comunes por estos días) se habló de que este era el momento perfecto para depurar el censo electoral. Si bien se lleva clamando por años para que esto tenga lugar, es, a falta de mejor palabra, sospechoso, que se quiera realizar justo cuando hay un sector del gobierno que busca que una cantidad x de firmas, inferior a la de hoy en día, sea suficiente para que el Referendo pase.  Volviendo al tema de la eficacia de la Constitución me parece, que  al igual que con el censo electoral,  es sospechoso que cuando unos parámetros calificadores  la dan como ineficaz, la salida sea cambiar dichos parámetros a algo que nos proporcione una respuesta más afin a lo que esperamos.

Si bien esta quizás no era la intención del autor, creo importante resaltar que ese es un peligro posible de la alternativa que plantea. Afirma que “nuestra Constitución no ha sido eficaz en el sentido en que fue pensada hace 19 años” pero definir en cuál sentido ha sido eficaz es un proceso analítico delicado que no puede ser dejado de lado como un una variable con poco peso.