Defensa a favor del voto en blanco

Por: Santiago Rojas Molina

Tradicionalmente, el voto en blanco ha sido considerado como un voto desperdiciado, cuyos índices se atribuyen más a errores al momento de depositar los votos, que a la verdadera intención de los votantes y cuyo poder político es nulo en medio de las contiendas electorales que se desarrollan en todo régimen democrático. No obstante, las pasadas elecciones parlamentarias del 14 de Marzo –en las cuales el voto en blanco fue triunfador en las elecciones para el Parlamento Andino- nos recuerdan que un escenario como el que se dio en dichas elecciones, no existe únicamente en las páginas de José Saramago, y que esa imagen del voto en blanco como una opción de voto inútil y vacía, no es del todo cierta. Muy por el contrario, es una alternativa electoral con verdadero potencial para marcar una diferencia.

En vista de ello, considero necesario reivindicar la opción del voto en blanco como una alternativa real de voto, pues en nuestra mentalidad colectiva generalmente es ignorada como tal.  El voto en blanco sirve como un mecanismo de presión hacia los partidos políticos, que los obliga a actuar con seriedad y diligencia en sus campañas políticas y a ofrecer al electorado propuestas concretas que sirvan de criterio para tomar una decisión informada. Pareciera ser que en las recientes justas electorales, nuestros partidos políticos olvidaron por completo esa presión que sobre ellos se ejerce, y ante la falta de visibilidad de propuestas, la pobre atención que se le prestó al tema en la campañas, y el desinterés generalizado por promover el voto para el Parlamento Andino e informar a la población, todos los partidos se vieron sancionados por el voto popular que prefirió darle la victoria al voto en blanco, que votar a favor de los partidos que no se habían movilizado para presentar una campaña decente y suficientemente convincente a sus electores. Cuando ningún candidato o partido ofrece propuestas adecuadas que logren convencer a sectores importantes de la población para votar a su favor, o no se molestan lo suficiente como para hacer campañas políticas serias y meritorias, el voto en blanco aparece como una alternativa política para exigir más de nuestros representantes. El voto favorable no es algo que se obtiene por transitiva, sino algo que se gana con propuestas y políticas serias, motivadas y  reales de los partidos y que no debe concedérseles a la ligera.

Además, el voto en blanco es una opción de voto importante que los ciudadanos apolíticos deben tener en consideración. En una democracia, no puede esperarse que todos los ciudadanos estén interesados por la política nacional, ni que estén realmente informados sobre lo que sucede en la arena política, como para poder tomar una decisión justificada a la hora de votar, pues la diversidad de proyectos de vida e intereses de la ciudadanía en general, son demasiado amplios como para pretender que todos sean ciudadanos políticamente activos. La neutralidad y el desinterés político, son libertades de las que las personas deben poder gozar y ello resulta respetable, pero por otra parte, el abstencionismo electoral no es neutral, sino que es un mal social que históricamente ha facilitado la cooptación del poder político sin una verdadera representatividad de la ciudadanía colombiana. Por ello, los ciudadanos apolíticos tienen el deber ciudadano de presentarse a las urnas y hacer valer su derecho al voto, para contribuir a erradicar el problema que representa el abstencionismo electoral.

No obstante lo anterior, muchos ciudadanos apolíticos se ven presionados por sus familiares, amistades y conocidos a darle su voto a los candidatos o partidos que ellos apoyan, y el hacerlo, resulta un acto irresponsable y reprochable, pues con ese voto están contribuyendo sin un verdadero fundamento, a algo a lo que realmente no apoyan, en lugar de ser fieles a sus propias ideas. En lugar de votar por Santos, Noemí o Mockus, sencillamente porque los demás lo hacen, los ciudadanos apolíticos o inconformes con las propuestas de todos los candidatos, no deben temer a utilizar la herramienta del voto en blanco como una forma de congeniar sus deberes ciudadanos con sus posturas respecto a la política; así evitando otorgar sin razones su voto a cualquiera. El voto en blanco es una opción política real, que en determinados escenarios puede llegar a marcar una verdadera diferencia como lo hizo en las elecciones del 14 de Marzo, pero solo cuando como ciudadanía comencemos a considerarlo como tal, es que éste dejará de ser una alternativa inútil e imperceptible y podrá convertirse en una verdadera alternativa política del electorado.

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