Carta abierta al senador Robledo

Por: Juan Serrano 

Senador Robledo,

decía usted por estos días en Hora 20 que la campaña de Antanas Mockus está montada sobre un “discursito ético bastante elemental” que se agota en las formas de hacer la política, pero no trasciende al debate del contenido de la política. A usted lo que le gusta, y por eso su invitación, es entrar al debate grueso: a hablar del agro colombiano, del empleo, de la salud, del libre comercio. De eso, senador Robledo, soy testigo: he visto sus sesudos debates en la Comisión V y en la Plenaria del Senado,  llenos de coraje y de la más fina oratoria, en contra del TLC, de la enajenación de una porción de Ecopetrol, de las políticas agrarias de este gobierno,  y en defensa de los desposeídos de Colombia. Pero no se olvide tampoco, Senador Robledo, de los grandes debates que hizo en estos cuatro años en contra de las Zonas Francas de los hijos del Presidente, el debate de Carimagua, y contra esa infamia que fue Agro Ingreso Seguro. Debates que, dicho sea de paso, le merecieron en buena medida el reconocimiento nacional del que hoy goza. Pero Senador Robledo, no nos digamos mentiras. Usted sabe mejor que yo, que la razón por la cual tuvo que hacer esos debates es que ese mínimo pacto social a partir del cual se debería ejercer la política, no existe en Colombia. A usted, Robledo, le viene tan obvio el respeto por las reglas de juego, el hecho de que no hay que robarse la plata de los colombianos, que hay que rechazar las trampas, el manzanillismo político, la infiltración de las mafias en el poder público y la connivencia con el crimen. Usted parte de la base de que todos los políticos deberían ser como usted: hombres honrados y políticos incorruptibles. Y yo estoy de acuerdo con usted, senador, pero tendrá que reconocer que Colombia es otra cosa. Que algo va, lo decía Echandía, de Dinamarca a Cundinamarca. Creo senador, que si Colombia fuera un país menos descompuesto al que nos ha dejado el “Uribato” -como usted lo llama-, los días no se nos irían estremeciéndonos y comentado el escándalo del mes, sino podríamos en cambio emplear nuestro tiempo escuchándolos a ustedes, los políticos, discutir sanamente sobre las políticas de fondo. Algo así debe ser la vida en un país menos bárbaro que éste.  

Senador Robledo, debo confesar que me da un poco de culillo esa invitación que hace de ir al fondo, porque me declaro profundamente ignorante de esos temas. No entiendo mucho de temas económicos, de debates tecnocráticos; no entiendo a qué se debe la crisis en el sistema salud ni tengo una propuesta para salvarlo; no tengo una opinión formada sobre el libre comercio ni el lugar que ocupo en el espectro de la dicotomía entre Estado y Mercado­… y sobre lo que no sé, hace tiempo que prefiero callar. Pero senador Robledo, a pesar de lo anterior que lo asumo como un mea culpa, creo saber más o menos bien en qué consiste un hombre honrado y un político decente,  y tal vez ni lea esto y ni le importe, pero quiero contarle que bajo esa lógica votaré.

Mi voto será ante todo, un voto de rechazo a estos 8 años de mal ejemplo, del todo vale, a la Parapolítica –o al “Parauribismo” como usted con tino le acuñó-, al “congresistas, voten mientras no estén en la cárcel”, a las “Chuzadas”, al nepotismo y sus zonas francas; será un voto en contra del “hombre incontaminado” que fue Jorge Noguera, de la “Casa de Nari”, de la Yidispolítica, de Agro Ingreso Seguro… en fin, usted  tendrá su propia lista de aberraciones y escándalos de este gobierno a dos tiempos. Escándalos, que como usted suele decir Senador Robledo, “en un país un poco más serio y menos descompuesto moralmente que Colombia, harían caer a un gobierno”. Colombia es otra cosa, repito.

No sé senador, si ha podido constatar el entusiasmo que ha despertado la candidatura de los verdes. Los jóvenes, tan asqueados de ustedes como género, están decididos a llevar a Mockus a la Presidencia de Colombia. En las páginas de los periódicos también se respira un clima esperanzador: hasta Coronell está ilusionado y Caballero reconoce de Mockus que “por lo menos es distinto”. Distinto a lo de siempre, a Juan Manuel y lo que implica. Yo en lo personal, estoy convencido de que la lucha contra la corrupción, el rechazo al poder mafioso y a la lucha armada cualquier sea su origen; el compromiso con un orden más justo e igualitario, con una sociedad más decente, educada e incluyente, no es –y no es deseable que lo sea- del monopolio de ninguna ideología, ni de ningún partido en particular, sea éste de izquierda o de derecha: es patrimonio de todos los demócratas. Mi voto fue por usted, mi voto será por Mockus, porque el problema de fondo también está en las formas.

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