¿Por qué no?, porque no

Por: Patricia Moncada

Con varios días de anticipación, Alejandra me propuso hacer una “entrada libre” en su blog de sociología jurídica. Pues bien, lo primero que debo hacer es pedirle disculpas porque le incumplí en la fecha de entrega, que se venció el viernes de la semana pasada. Así que, por si acaso, no es responsabilidad de ella que hasta este momento no tuviera en su poder mis 400 palabras.

Esto de hacer una “entrada” y “libre” a un “blog”, es una cosa demasiado –como dicen ahora- novedosa para mi. No sé qué es un blog, ni para qué lo usan, ni entiendo muy bien qué puede aportarle al de Alejandra que yo escriba sobre “lo que quiera”. Y lo que acabo de decir no es nada personal, sino que no tengo personalidad virtual, ni interés en adquirirla. No tengo facebook, no chateo, no le he comprado webcam a mi computador portátil, mi celular preferido es “una flecha”, en mi casa no hay televisor ni Internet, y me peleo con mi sobrina Alejandra cuando me llama por teléfono para contarme sus cuitas y al fondo alcanzo a oír el teclado de su computador…fijo que está chateando con diez más al mismo tiempo… Por eso, todavía no sé porqué no dije que no cuando Alejandra –no mi sobrina- me propuso escribir. Prefiero, para ciertas cosas, lo que está tan pasado de moda, que ya salió de circulación. Pienso en esos paseos sin papás a bordo y lejísimos de la casa, y entonces uno llegaba a un pueblo a buscar la oficina de Telecom para poner un “marconi”. Era lo máximo. Se demoraba en llegar muchísimo menos que una carta, porque uno escribía poquitas palabras pero dicientes – al estilo Toro Sentado hablando con cow boys blancos -; y el señor de la oficina tenía que ver lo que uno escribía, contaba las palabras, cobraba por palabra, y transmitía a alguna oficina central el texto que uno había escrito: “llegamos Manaure estamos bien pasado mañana Cabo de la Vela”, y pasado mañana seguro que el “marconi” ya había llegado a Bogotá. Y segurísimo que hace tiempos nadie recibe un marconi, y probablemente tampoco una carta a mano en sobe cerrado y con estampilla…y quién sabe cuánto tiempo de vida les queda a las postales… 

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