Los fantasmas del paro

Una reflexión sobre la  posición de los trabajadores informales de los buses en la dinámica vivida en la ciudad durante los días de paro.

A raíz del paro de los transportadores que tuvo lugar los últimos cuatro días en la capital, la ciudad entró en caos y se dieron pérdidas millonarias en materia de economía. Muchos ciudadanos tuvieron que caminar por horas para llegar al trabajo, se cerraron colegios y universidades y, como consecuencia de la acertada medida de la cancelación del pico y placa, el trafico de vehículos rebasó las capacidades viales de la ciudad. Todos perdimos y en cierta medida ganamos; mandando un mensaje claro a los transportadores, haciéndoles saber que no pueden hacer lo que quieran con nosotros. El alcalde habilitó ingeniosamente medios de transporte alternativos  y utilizó correctamente la maquinaria de la ciudad, destinada en situaciones normales a otras funciones: los vehículos del acueducto y de policía.   Muchos nos molestamos con la administración de la ciudad, otros con los transportadores, pero todos nos irritamos con la situación en general. En consecuencia nos manifestamos con indignación y coraje, (todo esto claro, en las conversaciones con amigos y en los portales de opinión de los periódicos) pero lo cierto es que hubo un grupo de la población que perdió, que no fue escuchado ni considerado y que no será compensado en forma alguna por lo que sucedió, un grupo que mantuvimos al margen de la situación a pesar de que eran los que mas sufrían con la situación. Me refiero a los necesitados y a los trabajadores informales que día a día se suben a los buses para poder comer y darle de comer a los suyos. ¿Alguien se preguntó, en estos cuatro días, qué fue de ellos? Este texto NO pretende hacer juicios de valor, ni generar vergüenza o reprochar la indiferencia, tampoco aspira a ser la voz de estos individuos, sin embargo pretende generar conciencia social con el fin de que se ponga en mesa de discusión y  propongan soluciones y proyectos a la eventual desaparición del “mercado de los buses” con el devenir del Sistema Integrado de Transporte Publico.

En el foro expresa.la, el profesor Vilhena, de manera muy acertada, hacía referencia al hecho de que en las sociedades, había personas invisibles para el derecho, y hacía la triste pero verdadera afirmación de que “el derecho no es para todos”, que para entrar en el ámbito del derecho es necesario tener cierto status, mencionaba a las “personas invisibles”; invisibles para la sociedad, invisibles para el derecho que precisamente por ser minorías atómicas no son tomadas en cuenta en las discusiones sociales de alta trascendencia, no porque no tengan derechos sino porque simplemente para nosotros estas personas, en algunos momentos, no existen . Esto puede explicar en gran medida la razón por la que nadie se preguntó por ellos durante el paro: ni los ciudadanos, ni los transportadores, ni la administración.

Lo cierto es que estas personas viven, o mejor dicho, sobreviven, con lo que ganan cada día. Probablemente pasaron una semana exponencialmente más amarga que la nuestra. Pero el lector pensará que estos seguramente solucionaron su situación yendo a pedir o a vender a las calles, y seguramente habrá quienes así lo hayan hecho. Sin embargo, la situación es un poco más compleja pues debemos tener en cuenta dos factores; por un lado, la sobrepoblación de trabajadores informales en las calles y por el otro, las particularidades del negocio de venta artículos en los vehículos de transporte publico. En lo que se refiere a la primera variante, es evidente que una de las causas por las cuales se inició esta modalidad de trabajo, fue precisamente el hecho de que no había suficiente espacio en las calles[1] para las personas que de una u otra forma no podían procurarse un trabajo regular[2]; (discapacitados, adictos, expresidiarios, entre otros). Además se debe tener en cuenta el hecho de que en las calles no todos pueden pedir o vender, pues las personas ya instaladas ahí no permiten que otros les quiten los clientes. En cuanto a las particularidades del negocio, los buses resultan convenientes para quienes, a causa de que no tienen el dinero para procurarse un carro con diferentes artículos  solo pueden comprar una bolsa de confites, esferos, manillas, etc. El bus les brinda la oportunidad de ofrecer su producto, espacio que también, en algunos casos,  usan para exponer lo dramático de su situación, cosa que no es en ningún sentido condenable. Así el bus se presenta como un espacio favorable a los necesitados, que les permite procurarse los medios para sobrevivir por el día o por unos días. ¿Pero qué pasa cuando estas personas se quedan sin su espacio de trabajo durante cuatro días? no les toca caminar cuatro horas al trabajo, tampoco tienen que aguantarse filas de carros  interminables ni montarse en transmilenios abarrotados. Cuando hay un paro de buses de cuatro días, el grueso de este grupo no puede vender sus productos en la calle, cuando estas personas se quedan sin su espacio de trabajo, pasan hambre.  Están quienes dicen que cuando hay estas emergencias la gente “se aprovecha” y sale a robar, y no dudo que estén en lo cierto en cuanto a muchos individuos, tampoco justifico en modo alguno esta situación de robo, pero lo que deben tener en cuenta estas personas al hacer estas afirmaciones, es la definición del verbo APROVECHARSE; sacar ventaja de la situación. Pues por lo que se refiere a los trabajadores informales de los buses, si es que hubo quienes salieron a robar, no estaban sacando ventaja alguna de lo que estaba pasando en la ciudad.


[1] Si bien la expresión, “trabajar en la calle” engloba tanto el acto de trabajar en las esquinas como el de trabajar en los buses, en este texto el termino “calle” se entenderá para lo referente a las esquinas, a pie, no en los buses.

[2] No será materia de este análisis las razones por las que estas personas entran a trabajar en la calle, tampoco entraremos en discusiones sobre cuanto ganan estas personas. Siempre bajo el consenso de que estas personas se encuentran en una situación de necesidad.

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