Uribe pierde el turno

En los últimos tres días el tablero de juego nacional se ha transformado considerablemente. Tras meses de esperar una resolución a la incertidumbre en la que se encontraban todas las fichas, por fin parece que sabemos en cuál casilla se encuentra cada quién y tenemos la certeza de que Álvaro Uribe no jugará en la próxima ronda presidencial.

En medio de las pasiones que ha despertado el reciente fallo de la Corte Constitucional sobre el proyecto de referendo reeleccionista, creo que vale la pena tratar de darle una mirada más pausada y analítica a lo que esto significa y representa para nuestro país. En Jugando bien México, Santiago declara que “el intento de reforma constitucional para la reelección de presidente Álvaro Uribe Vélez subraya  las debilidades institucionales del país”.  Estoy en completo desacuerdo con esa apreciación; si bien el intento de una reforma encaminada hacia la reelección podría subrayar una posible debilidad institucional, este intento se declaró inexequible y de esta manera subrayó el efectivo vigor de algunas instituciones colombianas.

En Tres pares Alejandra sí se plantea una pregunta fundamental sobre el origen de cómo hemos llegado a asociar tan vehementemente la reelección como algo negativo.  Una respuesta inicial a esta pregunta nos lanza al concepto mismo de democracia. La teoría liberal moderna asocia la democracia con la alternancia en el poder como condición necesaria para que estemos hablando de un sistema democrático. En contra de monarcas absolutos, propone la elección periódica de los gobernantes en marcos institucionales acompañados por la separación de poderes.

Tomado de: http://matadorcartoons.blogspot.com/

El voto es el instrumento político por excelencia de los ciudadanos para castigar o aprobar a sus gobernantes. Pero a través del voto, los ciudadanos también pueden manifestar sus preferencias políticas, como en los referendos y plebiscitos que contemplan la mayoría de constituciones democráticas. Si bien este es el argumento de Tres pares para apoyar el referendo como una iniciativa popular del constituyente primario, yo usaré el mismo punto de partida de la democracia como algo deseable, para llegar a la conclusión contraria, ya que el llamado “estado de opinión” no puede olvidarse que está intrínsecamente regido por el Estado de Derecho y el marco normativo que éste implica. En vista de que las masas también se equivocan, la soberanía popular no es lo único que alimenta la tradición democrática. En otras palabras, además de preferencias políticas la democracia, para mantenerse, requiere de instituciones que garanticen los derechos ciudadanos.

El proceso colombiano se enmarca en un momento regional que ha tendido hacia el reformismo constitucional enmarcado en contextos de democracia plebiscitaria que tienden a sacrificar las instituciones liberales a cambio de la participación directa de los ciudadanos en política. Visto de esta manera, el proyecto de referendo y los argumentos que se usaron para defenderlo se inscribían perfectamente dentro de los patrones de la región, pero como se menciona más arriba, lo que resulta significativo no es el intento, sino el desenlace que éste tuvo – radicalmente distinto a otros proyectos reeleccionistas.  Por esto, el fallo de la Corte es excepcional en todo el sentido de la palabra: rompe con la tradición de lo que ha sucedido en países vecinos y con las características que se han usado para entender el campo jurídico del que hace parte.

Los intentos por caracterizar el campo jurídico latinoamericano como una categoría que incluya los procesos y patrones de cambio de toda una región han generado respuestas diferentes. Por un lado, está la respuesta de García Villegas y Rodríguez quienes identificaron los tres rasgos comunes de los que hemos venido hablando: pluralidad de ordenamientos jurídicos, ineficacia instrumental y autoritarismo. Así, el derecho se convierte en una forma de comunicación que compensa y se sobrecarga por la ineficacia e ilegitimidad del sistema político. Uprimmy no comparte este último diagnóstico. Para él, el uso simbólico del derecho ha sido un recurso del Estado “esencial en Colombia, pero que ha tenido menos relevancia en otros países (…) en donde el caudillismo, la militarización y la movilización popular jugaron un rol articulador de las demandas sociales que limitó considerablemente el uso simbólico del derecho” (Uprimmy, 2003, p. 69).  De esta manera, la caracterización de García Villegas y  Rodríguez generaliza rasgos colombianos como si ellos fuesen aplicables a toda una región.

Contrario a lo que expresa Alejandra, creo que la soberanía popular como cimento único de un estado democrático olvida que históricamente los regímenes que han apelado a ese argumento han llevado a gobiernos de tipo autoritario: “pero parece que ese principio de soberanía fue olvidado por la Corte Constitucional al pasar por encima del pueblo colombiano y negarle su voluntad de elegir a Álvaro Uribe Vélez por tercera vez como presidente de la república”. La decisión de la corte frena tajantemente la evolución hacia ese estado de cosas autoritario hacia el cual ha tendido a moverse la región en situaciones anteriores.

El caso peruano sirve para ilustrar esta situación y para resaltar las diferencias entre ambos procesos.  Partiendo de puntos similares, el desenlace entre Perú y Colombia ha sido completamente disímil. La llegada de Fujimori al poder a inicios de la década de los noventa marcó el origen de una serie de cambios que poco a poco lo fueron consagrando en el poder. Su liderazgo carismático y el apoyo con el que logró contar pasaron por encima del marco constitucional produciendo cambios que desequilibraron la balanza de poderes a favor del ejecutivo.  Retrocediendo en institucionalidad, Fujimori se mantuvo en el poder con enormes porcentajes de apoyo popular. El autoritarismo de éste y la erosión de la democracia es el completo opuesto de lo que sucedió en Colombia este fin de semana. Por encima de la voz de las mayorías, se impuso el marco legal que debe regirlas y evitó que desembocáramos en una realidad similar a la que se vivió en Perú.

En el caso del referendo reeleccionista lo que se da es una doble excepción a la descripción del campo jurídico latinoamericano de García Villegas y Rodríguez. Por un lado, la decisión de la corte rompe con la tendencia, según Uprimmy principalmente colombiana, de un reformismo puramente simbólico encaminado a asumir las tareas del sistema político. Por otro lado, resalta la existencia del autoritarismo creciente en procesos de otros países de Latinoamérica que se vio frenado en Colombia por ser inexequible una tercera reelección.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: