A ustedes gracias por elegir la independencia

Por: Juan Serrano ( Jugador de la semana)

 ¿Que por qué nos duele tanto el cierre de la Revista ‘Cambio’? pensé que ya a estas alturas resultaba obvio, pero valga decirlo una vez más: no hay democracia sin una prensa independiente. No hay nada qué hacerle, dirán algunos, puede no gustarnos pero es una decisión legítima en la empresa privada; no es que estén cerrando el Congreso. Craso error. Es una empresa privada, sí, pero que vende información, que no es lo mismo que vender calzoncillos.

Esta misma discusión la tuvieron hace meses desde sus columnas César Rodríguez[1] y Héctor Abad[2], a la luz del despido de la columnista Claudia López de las páginas de El Tiempo. Abad, mucho más pragmático, sostuvo que en los medios, como en cualquier empresa privada, no se puede patear la lonchera; Rodríguez por su parte, más sociológico, hizo un excelente símil entre los medios de comunicación y las universidades, las dos como generadoras de información y opinión; las dos protegidas constitucionalmente y rodeadas de garantías.

Se equivoca Abad cuando cree que la libertad de prensa es tal, que los dueños de periódicos tienen el pleno derecho incluso de “hacer un pésimo periódico con los peores vicios del periodismo”. Voy a lo jurídico: el artículo 20 de nuestra Constitución protege la libertad de informar y fundar medios de comunicación, pero es en este mismo artículo que se le impone el primer límite a la libertad de información: ésta debe ser veraz e imparcial. La Corte así lo ha entendido desde sus primeros años. Por eso habla de que el derecho a la información es un derecho de “doble vía”, pues por un lado, se le garantiza al periodista su libertad de prensa –prohibiendo perentoriamente la censura-, y por el otro, los usuarios de esa información “pueden y deben reclamar de aquel (del periodista), con fundamento en la misma garantía constitucional, una cierta calidad de la información”[3].

Por eso como lectores estamos en todo nuestro derecho –en el sentido más estricto y jurídico de la expresión-, a rechazar el “ajuste de precios”[4] por parte de la Casa Editorial El Tiempo y alzar la voz cada vez que algo semejante ocurra. Como consumidores de medios estamos en una posición jurídica que nos permite exigir un periodismo valiente, incómodo, ese que es una piedra en el zapato para el gobierno que esté de turno, que jode, que alega; con periodistas comprometidos de forma incorruptible con la verdad, que no se doblegan, que prefieren el agravio al elogio gobiernista, y que se niegan cada día a ser unos simples trabajadores de una empresa privada. ¿es mucho pedir? Puede que sí, pero tampoco nos pidan que no nos indignemos cada vez que cierran revistas y despiden columnistas pues eso también hace parte del trato.

Adenda. Oportuno es entonces el consejo que diera Daniel Coronell a los jóvenes periodistas en la más  reciente edición de la Revista Semana:“Que no crean en nada, que verifiquen todo. El escepticismo es el primer deber del periodista. Y, sobre todo, que piensen que su misión es revelar verdades, sobre todo las verdades incómodas para el poder. Y esa labor no genera aplausos sino abucheos e ingratitudes.”

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