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Cambio, la responsabilidad mediática, dignidad y retos del periodismo

Por: Eduardo Gamboa – Jugador de la semana

Explica la Casa Editorial El Tiempo, en la carta que envió a los suscriptores de Cambio, que en razón de los “retos que afrontan las revistas de actualidad en el mercado nacional e internacional”, fue necesario suspender la circulación de la revista. ¿Cuáles son esos retos?.

Por una parte se podría argumentar que los avances tecnológicos –que en el caso del periodismo se materializan en “blogs”, periódicos y revistas por Internet, etc.-  representan una amenaza para este tipo de formatos, y que por lo tanto la adaptación, armonización, etc. es uno de los posibles “retos”. De la misma forma, puede que las rentas de una revista como Cambio no sean suficientes para que las intenciones que persigue la misma no sean viables económicamente. La sostenibilidad económica puede ser otro de los posibles “retos”. Sin embargo el ejercicio del periodismo y la libertad de expresión, no puede tener como obstáculos estos “retos”. La prensa es mucho más que eso, y la misma prensa es la que tiene que estar consciente de eso.

Sin ánimo de hacer acusaciones, si el análisis, la investigación y  las subsiguientes denuncias, así como las declaraciones de opinión, no son sostenibles de manera económica o incluso política, por cuanto se pueden llegar a perder algunos “favores”, por favor dejen el periodismo. El ejercicio de la libertad de expresión y prensa está en las raíces de la democracia; se trata de una oportunidad de controlar los abusos (la famosa postulación del periodismo como un cuarto órgano del poder público); un medio por el cual realizamos parte de nuestra libertad; una oportunidad en la que nos podemos parar invencibles frente a cualquier tipo de fuerza; un espacio en el que todos podemos ser iguales y no puede haber nada que corrompa ese equilibrio. Esos son los verdaderos retos y ahí está la dignidad del periodismo. Su consecución está en manos y es responsabilidad de los medios.

Aunque respeto la autonomía de El Tiempo, cerrar Cambio fue irresponsable, y la forma en que se hizo, da a entender que se trató de un problema de presiones políticas y proyectos económicos. No se puede hacer caso omiso del hecho de que el grupo Planeta (dueño de El Tiempo) sea uno de los consorcios que aspira a obtener el tercer canal. De la misma forma, no se puede olvidar que, como consecuencia del extraordinario trabajo que desarrollaron durante años Rodrigo Pardo y María Elvira Samper y todos lo periodistas de Cambio, se lograron denunciar abusos como el del “Programa Agro Ingreso Seguro”; denuncias que fueron tremendamente desfavorables para el Gobierno. En realidad es una tragedia lo de Cambio. Solamente espero que la dignidad del periodismo pueda mantenerse intacta en otros medios, y que estos logren enfrentarse a las adversidades en virtud de la consecución de los restos y sus responsabilidades como periodistas.

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¿La Constitución como anti – utopía?

Adentrándome en otros tableros de juego encontré opiniones con las que comparto bastante, y otras con las que no comparto tanto. Fuera de si comparto o no con todos, me sorprendió el enfoque de Camilo Andrés Caicedo quien  en su blog termina por concluir que evaluar la Constitución requiere de replantear las formas cómo la evaluamos.

El  punto de partida de su columna es que la Constitución se redactó en un momento radicalmente distinto al de hoy porque a comienzos de los noventas se vivía “en medio de un ambiente de violencia y terror”.  Si bien es probable que la coyuntura actual sea distinta a la de ese momento, creo que justamente el elemento que él menciona como factor que refleja esas diferencia es uno que no ha cambiado demasiado en estos 19 años. Es difícil llegar a grandes generalizaciones sobre el estado del país viviendo en la capital que ha permanecido ajena a lo que se ha vivido en otras regiones del país.  En realidad, este argumento es lo que detona el punto central de mi crítica y es que lo que veo esbozado ahí es la idea de que la Constitución no pasa la prueba bajo x parámetros y por lo tanto éstos deben ser cambiados.

Quizás íntrinsecamente no tiene nada de malo, pero me recuerda al revuelo que hubo hace un tiempo cuando en discusiones del referendo (tan comunes por estos días) se habló de que este era el momento perfecto para depurar el censo electoral. Si bien se lleva clamando por años para que esto tenga lugar, es, a falta de mejor palabra, sospechoso, que se quiera realizar justo cuando hay un sector del gobierno que busca que una cantidad x de firmas, inferior a la de hoy en día, sea suficiente para que el Referendo pase.  Volviendo al tema de la eficacia de la Constitución me parece, que  al igual que con el censo electoral,  es sospechoso que cuando unos parámetros calificadores  la dan como ineficaz, la salida sea cambiar dichos parámetros a algo que nos proporcione una respuesta más afin a lo que esperamos.

Si bien esta quizás no era la intención del autor, creo importante resaltar que ese es un peligro posible de la alternativa que plantea. Afirma que “nuestra Constitución no ha sido eficaz en el sentido en que fue pensada hace 19 años” pero definir en cuál sentido ha sido eficaz es un proceso analítico delicado que no puede ser dejado de lado como un una variable con poco peso.