No se puede ganar con un solo lanzamiento de dados

Hay una clara influencia del derecho en la realidad o si gustan de la realidad en el derecho. El objetivo del derecho es la regulación del comportamiento del hombre para lograr una convivencia digna y segura. Éste parte de la realidad en busca de mejorar lo existente y no, como muchos piensan, al revés.  El punto es que hay una relación evidente entre ambos aspectos. Siguiendo este orden de ideas y contextualizándolo en un país latinoamericano como Colombia puedo afirmar que la constitución Política tiene como fin un cambio social. Por lo tanto, es aspiracional. El término cambio implica un “proceso”. Hay que ser demasiado optimista, por no decir ingenua, para creer que un cambio jurisdiccional implica automáticamente un cambio social, económico e ideológico de la población completa de un país, estamos hablando de más de cuarenta y cuatro millones de habitantes.

En la entrada anterior Santiago afirma que “la situación actual del desplazamiento demuestra la debilidad fáctica de la Constitución,  después de 17 años de haber sido implementada”. Si lo que la población pretende es que se apruebe una ley y acto seguido se redistribuyan los desplazados a sus tierras, no me siento culpable al afirmar que la utopía no la crea la ley como afirma García Villegas (García  2006) sino el hombre al pretender que las letras en un papel cambien la realidad de la crisis social por la que pasamos.

Ahora, muchos se preguntaran si se está llevando algún proceso  que justifique un cambio factible. Pues bien, debo reconocer (cosa que también se tomó el trabajo de hacer la Corte) que en un principio las cosas fueron ideales más no realidades, como es el caso de los documentos Conpes. Sin embargo es un rumbo completamente diferente el que toma  la Corte Constitucional al dictar la sentencia T-025 de 2004. Sería errado, cerrado y grosero- o ignorante- el hecho de que una persona diga que el fallo de ésta sentencia no tiene repercusiones en el futuro. En la realidad, fallar declarando ECI, 84 autos y 13 audiencias demuestran lo contrario. Además López es muy enfático cuando reconoce que lo que diferencia a esta constitución de otras anteriores es la importancia que se le otorga a los derechos fundamentales y la posibilidad de una participación de los ciudadanos en el ámbito legal (tutelas) y político (partidos políticos) que los garantizan (López:2010). Pero, para poder participar es necesario conocer y conocer implica estudiar. Todos sabemos que el estudio es un proyecto y meta no de corto sino de largo plazo. Una vez más no podemos pretender que la ley lo haga todo. El hecho de que la Carta  asegure el derecho a la educación no quiere decir que desde 1991, cuando se escribió la norma todos nos convertimos en “educados”

En conclusión no podernos desprestigiar o desvalorar el poder de la Constitución colombiana. Cambiar las cosas depende de un proceso que toma tiempo y depende de la voluntad o solidaridad de todos y cada uno de los ciudadanos. Que hay errores los hay, no es perfecta, de lo contrario estaríamos hablando de una Carta preservadora. De que estamos trabajando en eso, estamos trabajando en eso.

Bibliografía:

López Medina, Diego. 2010. “Repaso histórico Analítico de la Constitución política de Colombia de 1991. Bogotá pp 1-34

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